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El orgullo que necesita enemigos: la psicología secreta del narcisismo colectivo

 


Amar a un país, sentirse orgulloso de una comunidad o defender la historia de un pueblo no es necesariamente peligroso. El sentido de pertenencia puede fortalecer la solidaridad y ayudar a construir una identidad compartida.

El problema aparece cuando ese orgullo necesita ser reconocido constantemente por los demás.

La psicología denomina narcisismo colectivo a la creencia exagerada de que el grupo al que pertenecemos es excepcional, acompañada por la sensación de que el mundo no reconoce suficientemente su grandeza.

No es simplemente pensar que nuestro grupo es valioso, sino creer que está siendo injustamente despreciado.

El orgullo sano no necesita superioridad

Una persona puede sentirse satisfecha de pertenecer a su país, religión, partido o comunidad sin considerar inferiores a los demás. En ese caso, la identidad se apoya en una valoración relativamente segura.

El narcisismo colectivo funciona de otra manera: depende de la mirada externa.

Quienes presentan esta tendencia pueden interpretar una crítica como humillación, un desacuerdo como traición y la presencia de otro grupo como una amenaza. La identidad deja de responder a la pregunta “¿quiénes somos?” y comienza a organizarse alrededor de otra: “¿quiénes nos están atacando?”.

El enemigo como explicación

Una identidad colectiva frágil necesita justificar por qué el grupo, pese a considerarse extraordinario, no ocupa el lugar que supuestamente merece.

La explicación más sencilla consiste en culpar a enemigos externos o internos. Si el país no prospera, alguien lo sabotea. Si un partido pierde apoyo, existen traidores. Si una comunidad enfrenta problemas, otro grupo está beneficiándose a costa de ella.

El enemigo cumple una función psicológica: evita que el grupo examine sus propios errores y contradicciones.

Esto no significa que las amenazas reales no existan. La diferencia se encuentra en la tendencia a interpretar como agresión situaciones ambiguas para las que no siempre existe evidencia suficiente.

Cuando pertenecer transforma al otro en amenaza

Una investigación publicada en Frontiers in Psychology estudió la relación entre el narcisismo colectivo, la satisfacción de pertenecer al propio país y las actitudes hacia los refugiados sirios en Polonia.

A través de dos estudios transversales, los investigadores encontraron que el narcisismo colectivo estaba relacionado con una mayor tendencia a atribuir intenciones hostiles a los refugiados.

En contraste, la satisfacción de pertenecer al propio país se vinculó con una menor percepción de amenaza y un menor respaldo a conductas hostiles.

Sentirse seguro dentro del propio grupo no produjo los mismos efectos que necesitar demostrar su superioridad.

Como los estudios fueron transversales, sus resultados muestran asociaciones, no una causalidad definitiva. Sin embargo, revelan un mecanismo importante: la imagen que construimos de nuestro grupo influye en la manera en que interpretamos las intenciones de los demás.

La política de la humillación

El narcisismo colectivo puede convertirse en una poderosa herramienta política.

Un dirigente no necesita demostrar que existe una amenaza concreta si consigue convencer a la población de que ha sido humillada. Basta con repetir que el país perdió su grandeza, que las élites traicionaron al pueblo o que otros grupos recibieron algo que no merecían.

Esta narrativa combina tres elementos: un pasado idealizado, un presente presentado como decadente y un enemigo responsable de esa caída.

El mensaje suele ser sencillo: “Antes éramos grandes, alguien nos arrebató ese lugar y solamente podremos recuperarlo si derrotamos a quienes nos debilitaron”.

Esta estrategia no pertenece exclusivamente a una ideología. Cualquier identidad colectiva puede volverse narcisista cuando convierte su superioridad en una verdad incuestionable.

Un partido puede asumirse como el único representante legítimo del pueblo. Una comunidad religiosa puede interpretar toda crítica como persecución. Un movimiento social puede considerar cualquier desacuerdo interno como una traición.

Las redes sociales y la recompensa del agravio

Las plataformas digitales pueden intensificar esta dinámica porque convierten la indignación en visibilidad.

Los mensajes que denuncian una supuesta ofensa contra el grupo generan reacciones inmediatas. Cada comentario y publicación compartida refuerza la sensación de que existe una amenaza permanente.

Una identidad construida alrededor del agravio necesita encontrar nuevas ofensas para seguir existiendo.

Los algoritmos no crean por sí solos el narcisismo colectivo, pero pueden amplificar contenidos basados en el miedo, la humillación y la confrontación. Además, facilitan que un comentario individual se atribuya a una comunidad completa o que una crítica aislada se presente como parte de una conspiración.

Pertenecer sin necesitar enemigos

Reducir el narcisismo colectivo no significa eliminar las identidades nacionales, culturales o políticas. La alternativa no es dejar de pertenecer, sino construir una pertenencia menos dependiente de la superioridad.

Esto implica reconocer que un grupo puede ser valioso sin ser perfecto y que aceptar una crítica no equivale a sufrir una agresión.

Una identidad colectiva madura no se debilita cuando reconoce sus errores; demuestra que puede sobrevivir a la verdad.

También exige observar con cautela a quienes convierten cada problema en una humillación y cada diferencia en una amenaza. Los dirigentes que prometen recuperar una grandeza perdida suelen necesitar un culpable que mantenga unida a su comunidad.

Tal vez por eso algunos movimientos no buscan resolver completamente los conflictos que denuncian: necesitan conservarlos para justificar su existencia.

El verdadero orgullo no debería depender del miedo que inspiramos ni de la admiración que exigimos. Una sociedad fuerte no es aquella que rechaza toda crítica, sino la que puede cuestionarse sin sentir que dejará de existir.

La pregunta fundamental no es solamente cuánto amamos al grupo al que pertenecemos, sino qué estamos dispuestos a creer, justificar o atacar para proteger la imagen que hemos construido de él.

Fuente de información: Karolina Dyduch-Hazar, Błażej Mroziński y Agnieszka Golec de Zavala, “Collective Narcissism and In-Group Satisfaction Predict Opposite Attitudes Toward Refugees via Attribution of Hostility”, Frontiers in Psychology, 2019.