AHORA

Filantropía e influencia: cómo se gobierna ‘sin mandato’ vía donaciones y think tanks


En la democracia, el poder se supone con mandato: se gana en urnas, se controla con contrapesos, se limita con ley. Pero una porción creciente de la gobernanza contemporánea opera por otra vía: dinero que define agendas, instituciones que producen “evidencia”, y redes de expertos que convierten preferencias privadas en políticas públicas sin pasar por el circuito pleno de deliberación ciudadana. Es el gobierno “sin mandato”: no necesariamente ilegal, a menudo filantrópico en apariencia, pero estructuralmente problemático cuando reemplaza prioridades colectivas por prioridades financiables.

Rob Reich ha formulado el núcleo del dilema con claridad: la filantropía no es solo “bondad”; es poder privado con ventajas fiscales y capacidad de orientar bienes públicos, y por eso debe evaluarse con criterios democráticos de legitimidad y rendición de cuentas. Linsey McGoey, desde otro ángulo, insiste en el carácter político del “regalo”: la donación no es neutral, produce dependencias, jerarquías y ambigüedades sobre a quién sirve realmente el interés público cuando los grandes donantes definen el menú de soluciones.

1) Qué políticas se empujan desde fundaciones: el “catálogo” de lo financiable

Las fundaciones y grandes donantes rara vez “compran” una política con un cheque directo. Su poder es más fino: financian las condiciones de posibilidad de ciertas políticas y asfixian, por omisión, otras. El mecanismo típico tiene tres capas:

a) Agenda-setting (decidir qué problemas “importan”)
Se priorizan temas donde el donante puede mostrar impacto medible, replicable y comunicable: métricas claras, intervenciones focalizadas, resultados rápidos. En global health, por ejemplo, es visible el peso de grandes fundaciones en la financiación de programas y prioridades técnicas (vacunas, vigilancia, innovación biomédica), con efectos sobre qué recibe recursos y qué queda relegado.

b) Solucionismo de diseño (decidir qué tipo de respuesta es legítima)
El dinero no solo elige el tema: elige el enfoque. Se favorecen respuestas compatibles con gestión privada: pilotos, alianzas público-privadas, intervención tecnológica, evaluación por indicadores, “escalamiento”. No es necesariamente malo; el problema aparece cuando ese enfoque se vuelve hegemonía y desplaza políticas redistributivas o reformas estructurales (impuestos, derechos laborales, regulación de mercados) que no encajan con la lógica filantrópica.

c) Infraestructura epistemológica (decidir qué cuenta como evidencia)
Aquí entran los think tanks, laboratorios de políticas, consultoras y universidades financiadas: producen papers, policy briefs, rankings, “mejores prácticas”, y entrenan cuadros técnicos. Con el tiempo, las ideas financiadas se vuelven “sentido común experto”.

En suma: la filantropía moderna gobierna menos por decreto y más por ecosistemas de conocimiento y convenios. Reich subraya que esto tiene un problema democrático de fondo: los filántropos acceden a influencia de un modo al que la mayoría de los ciudadanos no puede acceder.

2) Think tanks: la bisagra entre dinero e ideas

Los think tanks funcionan como traductores: convierten valores e intereses en “política seria”. Su utilidad pública puede ser real (análisis, propuestas), pero su rol político es inequívoco: son máquinas de legitimidad. En un extremo, pueden ser contrapeso técnico; en el otro, pueden operar como lobby intelectual.

Hay tres vías recurrentes:

  • Producción de marcos (“seguridad”, “competitividad”, “eficiencia”, “innovación”) que reordenan prioridades.

  • Captura del lenguaje: lo controversial se vuelve “técnico”; lo redistributivo se vuelve “ideológico”.

  • Puente de carrera: el think tank como sala de espera del gobierno —y el gobierno como plataforma de vuelta al think tank—, la clásica “puerta giratoria”.

3) Puertas giratorias: dineroivedoor con corbata académica

El concepto “revolving door” describe el movimiento de personal entre cargos públicos y privados, con riesgos de conflictos de interés, asimetrías de información y captura regulatoria. En el circuito filantropía–think tanks–gobierno, esa puerta giratoria adopta formas específicas:

  1. Expertos financiados que pasan a diseñar políticas dentro del Estado.

  2. Funcionarios que, tras regular o decidir, pasan a organizaciones financiadas o a think tanks.

  3. Consultores y redes que rotan entre implementación, evaluación y nuevo diseño, cerrando el círculo.

La consecuencia no siempre es corrupción directa; es más estructural: homogeneización ideológica y cierre del debate. Si la cantera de expertos viene del mismo ecosistema financiado, el Estado termina pensando dentro de una pecera: muchas variantes del mismo enfoque, poca pluralidad de diagnósticos.

4) Gobernanza informal: el poder que no se somete al voto

La tesis central es incómoda: la filantropía puede resolver problemas puntuales y al mismo tiempo debilitar la legitimidad democrática cuando reemplaza deliberación por patrocinio. Reich lo plantea como dilema normativo: incluso si el fin es público, el medio introduce desigualdad política, porque el acceso a influencia está mediado por riqueza. McGoey refuerza la sospecha desde la sociología del “regalo”: la donación puede producir dependencia y reordenar prioridades sin accountability equivalente al de un gobierno.

5) Cómo investigar esto periodísticamente (pistas operativas)

Si quieres que esta nota se convierta en investigación, hay una ruta dura y verificable:

A) Rastro del dinero

  • subvenciones, convenios, contratos, donativos deducibles, fideicomisos;

  • quién financia a qué think tank, qué programa, qué investigador;

  • condiciones explícitas o implícitas (metas, entregables, “alignment”).

B) Rastro de las ideas

  • qué policy briefs se citan en iniciativas de ley, programas, decretos;

  • qué “evidencia” se usa y quién la produjo;

  • qué marcos narrativos dominan (y quién los financió).

C) Rastro de las personas

  • trayectorias: think tank → gobierno → fundación/consultoría;

  • comités “independientes” con miembros financiados;

  • conflictos de interés declarados vs reales.

D) Rastro del efecto

  • qué se aprobó, qué se frenó, qué se reorientó;

  • qué poblaciones ganan, cuáles pierden;

  • qué quedó fuera del debate por no ser “financiable”

La filantropía puede ser útil, y a veces es indispensable donde el Estado falla. Pero como forma de gobernanza, tiene un lado oscuro democrático: transforma riqueza en capacidad de definir lo público sin mandato. La pregunta correcta no es si “donar es bueno”, sino qué reglas y contrapesos existen cuando la donación se vuelve política. En una democracia madura, la generosidad privada no debería reemplazar prioridades colectivas; debería someterse a transparencia, trazabilidad y límites claros. Porque cuando el Estado se gobierna por financiación, la política deja de ser discusión ciudadana y se vuelve, silenciosamente, un mercado de agendas.

Referencias 

  • McGoey, L. (2015). No such thing as a free gift: The Gates Foundation and the price of philanthropy. Verso.

  • Reich, R. (2018). Just giving: Why philanthropy is failing democracy and how it can do better. Princeton University Press.

  • Lyon, D. (2007). Surveillance studies: An overview. Polity Press. (Útil para analizar la lógica de infraestructura/legitimidad aplicada a ecosistemas de poder).

  • Kotanidis, S. (2024). Rules on “revolving doors” in the EU. European Parliamentary Research Service. (Para marco regulatorio comparado sobre puertas giratorias).