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Cuando pensamos en memoria pensamos en neuronas. Pero dentro de tu cerebro existen otras células que durante mucho tiempo fueron presentadas casi como el personal de mantenimiento del verdadero protagonista. Se llaman astrocitos y ayudan, entre otras funciones, a mantener el entorno donde operan las neuronas. Una investigación publicada este septiembre en Nature Neuroscience acaba de añadir una posibilidad fascinante: también podrían participar en la forma en que el hipocampo representa la estructura temporal de determinados recuerdos.

Los investigadores de Boston University y otras instituciones observaron astrocitos en el hipocampo de ratones mientras los animales atravesaban un experimento de condicionamiento contextual. Utilizaron imágenes de calcio para seguir la actividad de estas células durante varios días. Después de un estímulo aversivo, aparecieron secuencias organizadas de actividad astrocítica que recordaban, en determinados aspectos temporales, a patrones previamente estudiados en neuronas.

Lo verdaderamente interesante ocurrió después. Cuando los ratones regresaron al mismo contexto donde habían vivido aquella experiencia, las secuencias volvieron a aparecer aunque el estímulo original ya no estuviera presente. En un contexto diferente, en cambio, no se detectó el mismo patrón. Además, la actividad espontánea de los astrocitos se relacionó con transiciones conductuales como la inmovilidad asociada al miedo dentro del contexto aprendido.

Esto no significa que los científicos hayan descubierto “dónde guardan los astrocitos nuestros recuerdos”. El experimento se realizó en ratones, estudió un tipo específico de aprendizaje y demuestra asociaciones que todavía necesitan investigación causal. Los propios autores hablan prudentemente de una posible contribución de estas células a las representaciones temporales de memorias asociativas. Pero precisamente ahí reside lo interesante: el reparto de papeles dentro del cerebro podría ser más complejo de lo que enseñaban las versiones simplificadas de los libros escolares.

Durante mucho tiempo, las células gliales fueron consideradas principalmente estructuras de soporte. Hoy sabemos que los astrocitos participan activamente en procesos como regulación de neurotransmisores, metabolismo cerebral y comunicación con las neuronas. La nueva investigación añade otra pieza a esa transformación conceptual: quizá comprender cómo recordamos requiera estudiar redes formadas por diferentes tipos celulares, y no únicamente conversaciones entre neuronas.

También cambia la metáfora que utilizamos para explicar el cerebro. Nos gusta imaginar una especie de computadora donde las neuronas son cables que almacenan información y todo lo demás simplemente las mantiene funcionando. Pero la biología rara vez respeta nuestras metáforas sencillas. Lo que parece infraestructura puede participar en el procesamiento; aquello que considerábamos acompañamiento puede formar parte de la representación misma.

Quizá uno de los grandes descubrimientos de la neurociencia contemporánea sea precisamente aprender que el cerebro no tiene tantos personajes secundarios como imaginábamos. Todavía falta mucho para saber exactamente qué papel cumplen estas secuencias astrocíticas en la memoria humana. Pero si investigaciones futuras confirman mecanismos semejantes, tendremos que revisar una vieja intuición: recordar podría depender de una conversación celular mucho más amplia que la que durante décadas atribuimos exclusivamente a las neuronas.

Fuentes: Senne, Suthard, Cao et al., Nature Neuroscience, “Hippocampal astrocytic sequences emerge during learning and memory recall” (16 de septiembre de 2026); PubMed; Boston University, Ramirez Lab