Durante años escuchamos la misma explicación: los jóvenes ya no quieren casarse, no quieren hijos y prefieren gastar su dinero en otras cosas. Pero una de las mayores encuestas internacionales realizadas sobre el futuro de la familia acaba de complicar esa historia. Muchos jóvenes siguen imaginando pareja e hijos. Lo que cambió radicalmente son las condiciones que consideran necesarias antes de tenerlos.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas consultó a más de 108,000 personas conectadas a internet de entre 18 y 39 años en 73 países y territorios. Más de dos tercios dijeron querer casarse o vivir en pareja y, en cinco de siete regiones analizadas, dos hijos continuaron siendo el tamaño ideal de familia más frecuente. La muestra no es nacionalmente representativa de cada país, algo que el propio organismo advierte, pero permite observar tendencias comparativas extraordinariamente amplias.
Entonces aparece la contradicción: querer formar una familia no significa sentirse capaz de hacerlo. El 88% consideró importante tener seguridad financiera antes de convertirse en padre o madre; 87% mencionó empleo estable y 85% sentirse emocionalmente preparado. El dinero y la vivienda estuvieron además entre los principales obstáculos señalados para formar una pareja.
La investigación anterior del mismo organismo ya había detectado una brecha semejante. En 2025, casi una quinta parte de los adultos en edad reproductiva consultados en 14 países pensaba que no lograría tener el número de hijos que deseaba. En México, 21% de los participantes encuestados no estaba alcanzando su número deseado de hijos. Eso no significa que toda la caída de la fecundidad tenga una sola explicación: también existen cambios culturales, mayor autonomía reproductiva, postergación de la maternidad y personas que legítimamente no desean tener hijos.
Pero la diferencia importa porque cambia completamente el diagnóstico. Si alguien no quiere hijos, ninguna política debería convencerlo de tenerlos. Si alguien sí los quiere pero considera imposible pagar vivienda, guardería, educación o perder estabilidad laboral, entonces estamos frente a un problema distinto. La caída de los nacimientos puede contener simultáneamente más libertad para algunas personas y menos posibilidades para otras.
Esto también ayuda a entender por qué los llamados “bonos bebé” difícilmente resuelven por sí solos una transformación demográfica. Criar a una persona dura décadas; una transferencia económica ocurre una vez. UNFPA ha advertido contra respuestas coercitivas o excesivamente simplistas y plantea mirar empleo, vivienda, servicios de cuidado, salud reproductiva y distribución de las responsabilidades familiares.
Quizá llevamos años formulando mal la pregunta. En lugar de preguntar únicamente “¿por qué los jóvenes ya no quieren tener hijos?”, habría que preguntar cuántos realmente no los desean y cuántos están esperando una estabilidad que nunca termina de llegar. Porque una generación puede valorar profundamente la familia y, al mismo tiempo, mirar su sueldo, su renta y su futuro laboral y concluir que todavía no puede permitirse construirla.
Fuentes: UNFPA, Lives, Choices and Futures: Demographic Futures Survey 2026; UNFPA, State of World Population 2025; UNFPA América Latina y el Caribe, datos sobre intenciones reproductivas en México y Brasil.