
Detrás de la relación entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y el empresariado mexicano hay una escena que se repite con regularidad: reuniones a puerta cerrada en Palacio Nacional o el Museo Kaluz entre la presidenta y los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), el organismo que agrupa a alrededor de 55 de los empresarios más influyentes del país, entre ellos Carlos Slim Domit, Germán Larrea, Emilio Azcárraga, Daniel Servitje y Antonio del Valle Perochena.
El patrón de estos encuentros revela una dinámica de confianza condicionada. En la reunión de cierre de 2025, el CMN presentó a Sheinbaum un paquete de 38 proyectos de inversión, con un monto estimado superior a los 40,000 millones de dólares, alineado con la meta del Plan México de llevar la inversión al 25% del PIB. A cambio, el sector empresarial pidió al gobierno reducir los tiempos de trámite para la apertura de negocios —de dos años y medio a solo uno— y atender preocupaciones puntuales sobre seguridad y extorsión.
El copresidente del CMN, Antonio del Valle Perochena, ha descrito el potencial del país como "inmenso" en más de una ocasión y ha manifestado públicamente su confianza en que el T-MEC no colapsará pese a las señales de tensión desde Washington. Esa confianza se ha visto puesta a prueba conforme avanza el proceso de revisión del tratado: el 1 de julio de 2026, Estados Unidos confirmó que no renovará el acuerdo por 16 años adicionales en su forma actual, lo que activa un esquema de revisiones anuales. Pese a ello, voceros empresariales como José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, han calificado como favorable la postura de Sheinbaum frente a Trump, describiéndola como firme pero cordial.
Esta relación de cooperación no está exenta de fricciones estructurales: los mismos empresarios que respaldan públicamente a la presidenta han señalado preocupaciones sobre inseguridad, el ritmo de la inversión en infraestructura energética y la incertidumbre regulatoria derivada de la revisión comercial con Estados Unidos. El resultado es una suerte de pacto tácito —cúpulas empresariales que necesitan certidumbre regulatoria y un gobierno que necesita inversión privada para sostener sus metas de crecimiento— cuya solidez seguirá siendo puesta a prueba conforme avancen las negociaciones del T-MEC en los próximos meses.
Fuentes: La Jornada, El Universal, Milenio, N+, El Financiero, Yahoo Noticias, El Soberano.