Durante años, la prevención de la violencia de pareja se ha construido como si el desenlace letal fuera, casi siempre, la última estación del maltrato clásico: una escalada detectable, con episodios previos, control coercitivo, amenazas, denuncias, y un rastro de indicadores que el sistema debería leer a tiempo. Ese modelo explica mucho, pero no explica todo. Y cuando el modelo no explica, la política pública se queda ciega.
Un estudio publicado en el European Journal on Criminal Policy and Research vuelve a poner el foco en una realidad incómoda: el feminicidio no es siempre el final de una historia de violencia. En su planteamiento central, los autores sostienen que la violencia fatal y la no fatal pueden ser fenómenos distintos, y que mirar el problema como un bloque uniforme lleva a errores de clasificación, de evaluación de riesgo y, en consecuencia, de prevención.
El trabajo analiza si existen factores que permitan clasificar a agresores letales y no letales, y si conviene tratarlos como un solo grupo o como conjuntos distintos. Para hacerlo, utiliza una muestra de España con 171 casos de feminicidio y 201 casos de violencia de pareja no letal, recopilados en un esquema de revisión en profundidad de homicidios vinculados a violencia de género. Ese tamaño de muestra permite algo poco común: discutir tipologías con base empírica, no con intuiciones.
El hallazgo clave es metodológico, pero su impacto es político. Considerando todos los feminicidios, el estudio no encuentra combinaciones de factores que permitan clasificar simultáneamente a agresores letales y no letales. Sin embargo, al separar los casos de feminicidio con violencia previa de aquellos sin violencia previa, aparece una diferencia que cambia el mapa: hay un grupo de agresores letales que se comporta de forma distinta y que, por su propia naturaleza, se escapa de los instrumentos basados en historial detectable.
En esa distinción está el punto ciego que más cuesta admitir. El feminicidio sin señales previas no encaja en el “manual” del maltratador persistente; puede parecer un hecho súbito, de reacción situacional específica, y puede incluir casos donde el agresor se suicida después del homicidio. Eso significa que el riesgo no siempre se anuncia con los mismos marcadores, y que la prevención no puede depender únicamente de lo que ya ocurrió antes.
El otro bloque, en cambio, sí se parece a lo que el sistema conoce bien: feminicidios con historia previa de violencia que comparten rasgos con agresores no letales. En estos casos, la fase final suele ser la culminación de un patrón, y por eso los protocolos tradicionales —los que buscan escalada, control, amenazas, reincidencia— tienen más posibilidades de detectar riesgo. Ahí la prevención depende de reacción rápida, coordinación institucional y seguimiento real.
El problema es que, cuando se mezcla todo en la misma categoría, se produce una ilusión de control: se diseñan estrategias “universales” y luego se mide su eficacia como si cada caso hubiera tenido la misma estructura. El estudio, en el fondo, discute esa comodidad: no se puede meter todo en el mismo saco tipológico. Si hay al menos dos trayectorias distintas hacia la violencia fatal, la prevención también tiene que ser doble: una para el agresor clásico y otra para el agresor en crisis aguda.
La conclusión práctica es directa: hacen falta protocolos diferenciados, no solo más protocolos. Si el objetivo es reducir muertes, el sistema tiene que aprender a buscar también los escenarios donde la violencia no dejó huellas previas claras y, aun así, el riesgo puede dispararse. Cuando la política pública insiste en una sola lectura, termina perfeccionando el diagnóstico de un grupo mientras abandona al otro en la estadística de lo imprevisible.
Fuente: Santos-Hermoso, J., Borrás-Sansaloni, C., Kefauver-Silva, M., et al. (2025). To Kill or Not to Kill? That is the Question. A Separate Typology of Perpetrators of Femicide and Non-Lethal Aggressors in Spain, or a Single Group? European Journal on Criminal Policy and Research. https://doi.org/10.1007/s10610-025-09652-x
